Cuando el mundo se apaga: una experiencia personal
Recuerdo la primera vez que mi hijo, con apenas 6 años, tuvo un shutdown. Hasta entonces, ya había aprendido a identificar sus colapsos o meltdowns, esas explosiones emocionales que parecían arrasar con todo. Pero aquello era distinto. No hubo llantos inconsolables ni gritos. Simplemente, se apagó. Se encogió en el sillón, con la mirada perdida y el cuerpo tenso. No respondía a su nombre, ni siquiera cuando me acerqué con su juguete favorito. En ese momento supe que algo diferente estaba ocurriendo y que necesitaba comprenderlo mejor.
Puede ser que en algún momento tú, querida lectora y compañera en esta lucha diaria, hayas pasado por una experiencia similar y no hayas logrado identificar este episodio. Por eso, queremos explicarte en qué consiste esta reacción de nuestros niños y niñas azules.
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¿Qué es un shutdown?
El shutdown en el autismo es una respuesta extrema al estrés o la sobrecarga sensorial. En lugar de una reacción explosiva, como ocurre con el meltdown, el niño se repliega, se desconecta del entorno y puede volverse completamente pasivo.
La investigadora en autismo Dora Raymaker explica que “un shutdown es un mecanismo de protección neurológico, donde el cerebro se ve abrumado hasta el punto de no poder procesar más información”.
En otras palabras, el cerebro ha estado tan ocupado en intentar procesar todos los impactos que se ha recibido que se ha extenuado y necesita desconectar. Descansar.
Causas y detonantes del shutdown
El shutdown suele aparecer cuando el niño se encuentra en una situación de estrés prolongado o sobrecarga sensorial. Algunos factores que pueden desencadenarlo incluyen:
- Ambientes muy ruidosos o con luces intensas.
- Situaciones sociales exigentes.
- Demandas cognitivas que superan su capacidad en ese momento.
- Cambios bruscos en la rutina.
- Agotamiento físico y emocional acumulado.
Simon Baron-Cohen, experto en autismo, señala que “la falta de predictibilidad en el entorno puede generar una sensación de pérdida de control, lo que lleva al shutdown como mecanismo de autopreservación”.
Esta aparente pasividad es una forma de defenderse del continuado impacto. En el caso de nuestro hijo, esto le ha sucedido en situaciones en los que se ha roto mucho su rutina diaria y no se ha realizado un trabajo de anticipación lo suficientemente bueno. Un ejemplo, fue un año en el que estuvimos demasiado presentes en el Carnaval.
¿Cómo diferenciar un shutdown de un meltdown?
A pesar de que se trata de situaciones en las que hay algunas causes en común, es importante diferenciarlos. A veces, puede ser difícil distinguir entre ambos, pero hay señales clave:
- El meltdown es una respuesta activa con llanto, gritos o golpes.
- El shutdown es una respuesta pasiva, con aislamiento y mutismo.
- En un meltdown, el niño suele estar sobreexcitado; en un shutdown, está completamente retraído.
En otras palabras, el resultado en el comportamiento del niño o la niña es muy diferente, pero en ambos fenómenos se debe actuar como padres.
¿Qué hacer durante un shutdown?
Cuando mi hijo entra en shutdown, lo primero que hago es darle espacio y reducir los estímulos. Es importante no forzar el contacto ni exigir respuestas inmediatas. Algunas estrategias útiles incluyen:
- Crear un ambiente seguro y tranquilo: Apagar luces intensas, reducir el ruido y ofrecer un espacio cómodo.
- Evitar la sobreexigencia: No hacer preguntas ni intentar que “salga” de ese estado rápidamente.
- Brindar apoyo silencioso: Estar presente sin invadir, mostrando disponibilidad.
- Usar elementos de confort: Un peluche, una manta pesada o un objeto familiar pueden ayudar a regularlo.
- Darle tiempo: El shutdown no es algo que se “arregle” rápido; el niño necesita recuperarse a su ritmo.
Prevención y estrategias a largo plazo
El shutdown es una señal de que algo ha sido demasiado para el niño. Por ello, es fundamental trabajar en la prevención:
- Anticipación y estructura: Explicar con tiempo lo que va a suceder reduce la ansiedad.
- Pausas y descansos: Permitir momentos de descanso en actividades exigentes.
- Herramientas de regulación emocional: Enseñar a identificar el estrés antes de que llegue al límite.
- Apoyo sensorial: Auriculares con cancelación de ruido, gafas de sol o texturas agradables pueden ayudar.
Ausencia a modo de defensa
Comprender el shutdown ha sido clave para acompañar mejor a mi hijo. Ahora sé que cuando “desaparece”, no es porque me ignore, sino porque necesita recuperarse. Si eres padre o madre de un niño con autismo, recuerda: tu presencia y comprensión son las mejores herramientas. Como dice la terapeuta autista Cynthia Kim, “un shutdown no es una elección, es una necesidad del cerebro para protegerse”. Aprender a reconocerlo y gestionarlo marca la diferencia en su bienestar y en el nuestro como familia.

